IMPOTENCIA

Hace unas semanas, me sentí impotente. Estábamos en pleno confinamiento, las noticias sobre la pandemia eran demoledora y me encontraba en casa, confinada, saliendo puntualmente, con mascarilla, y con temor, temor, por los míos, por los que enfermaban, por los que me rodeaban, temor por mí y temor por la sociedad.

Me decía a mí misma que había conservar la esperanza, la confianza y la seguridad de que la sociedad sufriría un revulsivo que nos haría mejores, como individuos y como colectivo.

A pesar de ello, me seguía sintiendo impotente pero había un elemento que aumentaba esa sensación, y era el lamentable espectáculo público de la clase política, sin color o adscripción concreta, era y es una sensación generalizada que no ha cesado, al contrario, aumenta. Las últimas intervenciones en el Congreso de los Diputados, me parecieron deleznable.

Sin embargo, seguía en mi zona de confort a pesar de la impotencia creciente.

Decidí escribir una Carta abierta al Ministro de Sanidad, por hacer algo que contribuyera a reflexionar, a corregir el rumbo aun sabiendo que poco o nada conseguiría. Desistí de mandar esa carta precisamente por el nulo resultado que obtendría.

Manifiesto mi pesar por la situación que como Sociedad y como individuo estamos sufriendo con la lamentable muerte de tantas personas, por el confinamiento obligado, por las imprevisibles consecuencias económicas y sociales.

Lamento que algunas de las decisiones lo hayan sido por razones políticas y no de correcta gestión de la crisis sanitaria como lamento oír a los políticos azuzándose entre ellos, increpándose y vendiendo la iniquidad.

No tengo adscripción a partido político alguno si bien, evidentemente tengo creencias políticas, el bien social e individual y en consecuencia, defender, creer y votar en el ejercicio de mis derechos cívicos, sin radicalismo de ningún signo, a aquel que considero pudiera mejorar nuestra sociedad como colectivo y a las personas como individuos, alejándome de aquellos que no cumplen, manipulan o mienten, sobre todo, mienten.

Me exaspera los fragantes incumplimientos que se están cometiendo con total impunidad de nuestros Derechos Constitucionales, entre ellos, el Derecho a la Protección de la Salud contenido en el artículo 43 de la CE.

Partiendo de tal marco constitucional y la obligación del gobierno de la Nación, de garantizar el derecho a la salud, tras varios vaivenes y decisiones equivocadas y sobre todo, de no haberse ajustado a la verdad, – la mentira como instrumento político y social, es a mi juicio abominable,- me sorprende, como ciudadana, que no se hayan adoptado o se hayan adoptado tarde, medidas terapéuticas de control de la epidemia recomendadas y ejecutadas por expertos a nivel internacional como la realización masiva de Test serológico, medidas de rastreos que permitirían confinamientos selectivos y el obligado uso de mascarillas.

Me pregunto si la adopción de estas medidas no hubiera sido más acertadas que el propio confinamiento prolongado en el tiempo, – limitación de derechos constitucionales, control de la libertad expresión, proscripción de derecho de reunión, paralización de la administracion en todos sus estamentos, significativa la paralización de la Administracion de Justicia, -.

Se han adoptado decisiones ineficaces e ineficientes, sin criterio técnico y variando en función de no se sabe qué circunstancias: noticias tales como que el Ministerio de Sanidad ha pagado un total de 802 millones de euros en material de protección para las comunidades, que no ha llegado a su destino no solo a manos de los ciudadanos corrientes sino del personal sanitario a los que se les ha maltratado obligándoles a asumir riesgos más allá de los necesarios.

Ahora resultan ser obligatorias el uso de las mascarillas en determinados espacios, mascarillas quirúrgicas claro, que según cambio de criterio inexplicado, son las idóneas para la mayoría social.

              Otras informaciones nos hablan de los pufos de los test rápidos o del material comprado y no entregado a sus destinatarios: mascarillas, batas, monos desechables, gafas de protección, guantes o geles hidroalcohólicos.

La situación que vivimos y la necesidad de cumplir con mi obligación de tutelar y proteger la salud de aquellos que me rodean, me ha llevado a tomar la decisión, por supuesto, de comprar mascarillas e insistir en su uso, en mi entorno familiar, pero también, a realizar test que me permita aclarar cuál es la situación de riesgo, test que por supuesto, he costeado pero que sin embargo, me consta, cuyos resultados, serán transmitido a efectos estadísticos para uso de los responsables políticos, en fin, a nivel individual y a mi costa, realizar el trabajo que nuestros gobernantes. deberían estar realizando y cuya gestión, deja mucho que desear, ocupados en utilizar la situación actual para obtener réditos políticos, egocéntricos y partidistas en vez de establecer las bases por el bien común, sanitario, económico y social.

                                           Maria Enriqueta Artillo Pabón

                                                         Artillo Abogados

                                          

 

 

 

 

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